¿Por qué no me dejaron?Experiencias de mujeres en sus partos


MªJesús Montes Muñoz.

Resumen
La casi totalidad de las mujeres acuden a los hospitales para realizar sus partos. Aunque estamos asistiendo a un proceso de concienciación respecto a sus derechos, en las relaciones que ellas establecen con loslas profesionales, se siguen dando experiencias traumáticas en grados diferentes para las mujeres y que recojo con el término "maltrato
institucional". Desde una perspectiva de género analizo las diferentes formas de maltrato que relataron diez mujeres que tuvieron sus partos entre los años 2003-2006 y que, a mi modo de ver, son el reflejo de la situación social real en que se nos posiciona a las mujeres en nuestro contexto.


Introducción
El tema de este articulo está centrado en el análisis de algunas de Las
experiencias que las mujeres relataron de sus partos y que he definido como "maltrato institucional" entendido este como cualquier norma, procedimiento o actuación procedente de los poderes públicos, o bien derivada de la actuación individual de profesionales que comporta abuso, negligencia, detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar fisico, o que viole los derechos básicos de las personas'.
Los episodios de maltrato institucional en el parto son expresados, pero en una gran mayoría no sentidos como tal, y por ello, no reconocidos. En los relatos habituales sobre el trato recibido, la conformidad parece la tónica. Sólo cuando se muestra interés y se profundiza, las mujeres explican experiencias de miedo, abandono, sentirse nadie, humillación o impotencia, que algunas expresan en un discurso en el que se dan por
supuestos o normalizados estos hechos. Que la mujer y la criatura salgan con vida parece ser el único objetivo de la asistencia al nacimiento, justificándose en él las prácticas médicas y las formas en que se llevan a cabo. Así es generalmente aceptado por la sociedad, con lo que muchas mujeres tienden a identifican sus partos como buenos dejando de lado la experiencia del trato que recibieron. 
El tema es complejo. Se trata de adentrarse a través del relato y la observación en los espacios hospitalarios, para revisar las relaciones de poder y sus usos sobre las mujeres en los panos. A la medicina como institución, se le reconoce un poder en base al saber sobre la enfermedad y la salud; es en su ejercicio desde donde se pueden generar situaciones que vulneran los derechos de las mujeres.Se entiende que las relaciones que se establecen con motivo del nacimiento, están influenciadas por el resto de factores politicos, económicos, de valores y por todos aquellos que conforman la estructura del orden social; un orden patriarcal, independientemente desde donde es ejercido, en el que las mujeres nunca han salido beneficiadas, que sigue siendo utilizado para asegurar y legitimar el poder de las instituciones, y mantener el control y subordinaciónen sus partos y que esto sea aceptado como una situación normalizada, es una escena muy representativa de los valores sociales vigentes hacia en nuestro contexto.
El objetivo que me propongo es pues recoger y caracterizar las fomas de
maltrato que se producen durante la asistencia al parto, con la intención de dar voz a las quejas y sentimientos de las mujeres y promover cambios buscando soluciones conjuntas. La metodología utilizada es la cualitativa y las técnicas han sido la entrevista en profundidad y la observación participante. He entrevistado a diez mujeres, ocho de las cuales formaron parte de mi investigación para la realización de la tesis doctoral durante los años 2003/2006, y las otras dos han sido captadas a través de redes
informales. La observación en salas de dilatación y partos fue realizada también como parte de la tesis en los mismos años y tanto en hospitales de la Seguridad Social, como concertados y privados. La investigación se llevó a cabo en Tarragona, y sólo una de las mujeres realizó su parto fuera de este contexto


Estado actual del tema
El estudio más representativo proviene del campo de la antropología. Lo
realizan Roberto Castro y Joaquina Erviti (2002) en el contexto mejicano. En su trabajo exploran las experiencias de diferentes modos de violencia institucional a la que son sometidas las mujeres de las que afirman son: "normas elementales" de violación de derechos, pero que sus daños no pueden ser evaluados porque no ponen en peligro la salud fisica de las afectadas. También dicen, es consecuencia de "la construcción de las
mujeres como objetos más que cómo personas, y donde por lo tanto, se instrumenta la desacreditación de las mujeres como sujetos con derechos" (Ibídem:262). Castro y Erviti presentan una clasificación de los mecanismos en los que se sustentan estas prácticas en la que tanto profesionales, mujeres e institución están presentes. No parece
acertada la interpretación que proponen sobre la participación de las mujeres "víctimas", a las que se responsabiliza de su propia victimización. Considero se debiera realizar un análisis critico y profundo desde un enfoque de género que permitiera encontrar explicaciones más exactas considerando que la institución médica -desde donde se ejercen las formas de maltrato-, ha sido y sigue siendo "uno de los principales pilares sociales a la hora de generar y mantener la subordinación de las mujeres en esta sociedad" (Esteban, 1996:150), que se impone en el ejercicio de su poder desautorizando a las mujeres (Sadler, 2003: 146).En la actualidad está aumentando la toma de conciencia social por la defensa de los derechos de las mujeres en sus partos. Una de las voces en el estado español es la de la abogada Francisca Femández Guillén (2004), representante de la asociación "El parto es nuestro" cuyos objetivos se dirigen a promover "acciones para reivindicar un
mayor respeto y protección hacia los derechos de las madres y los niños" afirmando que: "El modelo actual de atención al parto está superado y constituye un ámbito institucional de discriminación, violencia contra la mujer y privación de los derechos reconocidos por la Ley General de Sanidad y Ley 4112002 básica reguladora de la autonomía del paciente"'. Las mujeres siempre presentaron diferentes formas de
resistencia a la asistencia institucional a la que se ven sometidas en el parto (Martín, 1992). que van desde aquellas socialmente imperceptibles a otras más elaboradas y de claro afrontamiento. Hoy sus opiniones, a través de diferentes asociaciones, comienzan
a ser escuchadas, como asi se deduce del interés que se está mostrando desde el Observatorio de la Mujer hacia las prácticas y las condiciones de asistencia institucional en los partos, con el ánimo de introducir mejoras.

Que es un tema pendiente y polémico se ha comprobado a partir del articulo de Rosa Montero (2006) en un diario de tirada nacional. La autora plantea la critica a la actual forma de asistencia a los partos en España de la que afirma: "Me han contado diversas situaciones indignantes que han tenido que soportar -las mujeres- para dar a luz", y que califica de "historias tristes". A partir de su breve exposición se han ido
publicando diferentes respuestas, unas a favor y otras en contra, generalmente estas últimas desde profesionales que defienden sus prácticas de las que algunos/as culpan de nuevo a las propias mujeres. Quien se manifiesta a favor habla de "infantilización y sufrimiento", al que fueron sometidas, o de prácticas médicas obsoletas que se les
realizaron generándoles vivencias de "fracaso" o de salir "con cicatrices tísicas y emocionales". El parto, subraya Montero (2006), no debiera ser un trauma o tener "la sensación de maltrato que a menudo experimentan las mujeres".Si bien se están introduciendo cambios, el maltrato en las instituciones se reconocerse cuando desde el protocolo para la asistencia al parto editado por la Generalitat de Catalunya (2003: 103), se recomienda "que los centros asistenciales sean
capaces de modificar su actuación para que la mujer y pareja no se sientan agredidos".También se encuentran referencias en diferentes partes del mundo (Sadler, 3003), de tal manera que se han formado asociaciones internacionales para "un parto re~~etado.La .
amplitud del problema está llegando a categorizar la experiencia en algunos casos cómo "Sindrome de Estrés Postraumático", diagnóstico que se da a los síntomas que padecen algunas mujeres tras sus partos y para los que se ofrecen tratamiento.Pero este es un problema complejo que va más allá de las relaciones entre mujeres y profesionales, en las que se pone de manifiesto la organización del orden social que incluye estructuras más amplias, y cuya génesis está enraizada en las desigualdades sociales inculturadas entre hombres y mujeres. Bourdieu (2000) da una explicación para entender el mantenimiento de las diferencias de poder y opresión a las mujeres a partir de la "violencia simbólica" o poder que actúa a través de su inscripción en los cuerpos; una "acción transformadora tanto más poderosa en la medida en que se
ejerce en lo esencial, de manera invisible e insidiosa, a través de la familiarización insensible con un mundo fisico simbólicamente estructurado y de la experiencia precoz y prolongada de interacciones penetradas por unas estructuras de dominación" (2000:54-55). El autor se muestra pesimista respecto a la producción de cambios en estas estructuras porque, afirma, sus efectos son dificiles de "anular con un mero esfuerzo de la voluntad" (2000:55).Pero las sociedades evolucionan y los efectos de esta violencia simbólica son cada vez más sentidos y traducidos por las mujeres y algunos/as profesionales como experiencias de violencia fisica o maltrato, enfrentándose y poniendo de manifiesto las
contradicciones en los discursos de una sociedad que se autodefine como democrática e igualitaria. No cabe la duda de que, estos grupos de mujeres, aunque minoritarios o subalternos, son "actores sociales y agentes culturales de cambio" (Esteban, 2001:34), que están dando como resultado modificaciones en la atención institucional al parto donde los derechos de las mujeres como sujetos sociales tienden a ser espetados.
Análisis de las experiencias Las relaciones que se establecen entre mujeres y profesionales son jerárquicas y asimétricas (Menéndez, 1984:9), y todo el personal, independientemente de la posición que ocupe, tiende a reproducirlas. Así, el maltrato institucional puede ser
ejercido y tolerado desde cualquiera de los/las profesionales. Las formas de maltrato son resultado de estas relaciones donde las mujeres son consideradas "pacientes", con lo que se espera respondan según las características del término que, por otro lado, también se fomentan en la relación. Estas caracteristicas son entre otras, la pasividad, la aceptación, la sumisión y la obediencia que se imponen haciendo uso del poder. Las
mujeres pueden ser maltratadas cuando en la práctica de esta relación normativa llega a anularse su condición de siijetos sociales con derechos como se analiza a continuación.
  • Adaptación a las normas:
Desde que la mujer entra en el hospital con motivo de su parto, tiene que
adaptarse a toda una serie de rituales normativos a través de los que se define y adquiere su estatus de paciente.
Una de las prácticas más generalizadas es el aislamiento o privación de la presencia de un familiar, posición que en general ocupa la pareja. Aunque teóricamente toda persona usuaria del hospital tiene derecho a ser acompañada por quien ella elija, en el parto se ha visto cómo en demasiadas ocasiones se le restringe la entrada sin un razonamiento que lo justifique, y que está más relacionado con la voluntad o decisión
del/la médico responsable del área. Asi, algunas mujeres permanecieron solas durante gran parte proceso, situación que, además del temor y desamparo que les generó, fue una experiencia traumática para dos de ellas cuyas parejas no pudieron estar presentes en el momento del nacimiento. "Yo pregunté si podía entrar mi marido. Me dijeron que
más tarde. Venga a esperar, pasaban y no me decían nada y lo volví a preguntar. Luego ya todo fue tan rápido ... "
Las mujeres reciben mensajes de forma más o menos directa sobre la
conveniencia de adaptarse a las normas y someterse a las indicaciones del personal sanitario como garantía de su seguridad y la de la criatura:
Me dijeron que me dejase llevar por las decisiones que ellos tendrían que tomar en el sentido de que no pusiera problemas :Que me dejara llevar! Me lo dijeron tanto las comadronas como el médico.
En la promoción de la obediencia se utiliza en no pocas ocasiones la amenaza sobre el bienestar fetal. Frases como: "Si no te estás quieta no podemos saber cómo está tu hijo" o 'Tú quieres lo mejor para él ¿no?" inducen a las mujeres a comportamientos de sumisión y al acatamiento incuestionado de las órdenes.
  • Desvalorización de sus sensaciones e invalidación
En general me refiero a la percepción del dolor. Aunque la analgesia epidural está disponible y se administra a todas las mujeres, cuando sus efectos no responden a la intensidad o duración esperada y ellas lo indican, pueden tener dificultades en que sus demandas sean escuchadas: "Llevas la epidural, esto no te puede doler" o "Qué quejica
eres" son frases que se utilizan Otro de los dolores poco aceptado es aquel causado por el personal sanitario como consecuencia de las múltiples y repetidas exploraciones puesto que, a las intervenciones consideradas terapéuticas, parece atribuirseles la propiedad del "no
dolor" y, aunque las mujeres se quejen, pueden no ser atendidas o ser recriminadas: "¿Qué? ¿Qué te pasa? Como diciendo: esto no te ha de doler ¿no? Es algo asi como.. . que si te duele, te aguantas, que no lo expreses, que te calles".